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jueves, 15 de marzo de 2012

Marcos 9,30-37: 21 de febrero de 2912


Texto bíblico:
9 30 Desde allí fueron recorriendo Galilea, y no quería que nadie lo supiese. 31 A los discípulos les explicaba: - El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres que le darán muerte; después de morir, pasando tres días, resucitará.
32 Ellos, aunque no entendían el asunto, no se atrevían a hacerle preguntas.
33 Llegaron a Cafarnaún y, ya en casa, les preguntó: - ¿De qué hablaban por el camino?
34 Se quedaron callados, porque por el camino habían estado discutiendo quién era el más grande. 35 Se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: - El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos.
36 Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo acarició y les dijo: 37 – Quien reciba a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe. Quien me recibe a mí, no es a mí a quién recibe, sino al que me envió.


Comentario:
El pensamiento nos juega a veces una mala pasada, exaltando pasiones por la codicia de la gloria, como les sucedió a algunos discípulos, pero Jesús conocía perfectamente bien el corazón de sus íntimos amigos, conocía lo que pensaban y lo que sentían y se daba cuenta lo que ellos planeaban y tramaban en su interior. Jesús, que sabe muy bien como salvar a los hombres de las caídas, cuando vio que se suscitaba esta idea en la mente de sus discípulos como un germen de amargura, antes que tomase incremento, la arrancó de raíz. Es así como conociendo sus pensamientos, sentándose, llamó a los Doce, tomó a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a Aquél que me ha enviado”
El niño tiene el alma sincera, es de corazón inmaculado y permanece en la sencillez de sus pensamientos, el no ambiciona los honores, ni conoce las prerrogativas, entendiéndose esto por el privilegio concedido por una dignidad o un cargo, tampoco teme ser poco considerado, ni se ocupa de las cosas con gran interés. A estos niños ama y abraza el Señor; se digna tenerlos cerca de sí, pues lo imitan. Por esto dice el Señor (Mt 11,29): "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".
Cristo nos busca y nos elige, no porque somos buenos, sino porque Él es bueno y nos ama al extremo y espera que nosotros cambiemos. Dios nos pide cambiar y espera que seamos hombres y mujeres buenos, como su Hijo Jesucristo, “mansos y humildes de corazón.”
Anita


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