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jueves, 15 de marzo de 2012

Marcos 9,14-29: 20 de febrero de 2012

Texto Bíblico:
9 14 Cuando volvieron adonde estaban los discípulos, vieron un gran gentío y unos letrados discutiendo con ellos. 15 En cuanto la gente lo vio, quedaron sorprendidos y corrieron a saludarlo. 16 Él les preguntó: - ¿De qué están discutiendo?
17 Uno de la gente le contestó: - Maestro, te he traído a mi hijo, poseído por un espíritu que lo deja mudo. 18 Cada vez que lo ataca, lo tira al suelo; él echa espuma por la boca, rechina los dientes y se queda rígido. Dije a tus discípulos que lo expulsaran y no han podido.
19 Él les contestó: - ¡Qué generación incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo.
20 Se lo llevaron; y, en cuanto el espíritu lo vio, sacudió al muchacho que cayó a tierra y se revolcaba echando espuma por la boca. 21 Jesús preguntó al padre: - ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?
Contestó: - Desde niño. 22 Y muchas veces lo tira al agua o al fuego para acabar con él. Por eso, si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos.
23 Jesús le respondió: - ¿Qué si puedo? Todo es posible para quien cree.
24 Inmediatamente el padre del muchacho exclamó: - Creo; pero ayuda mi falta de fe.
25 Viendo Jesús que la gente se agolpaba sobre ellos, reprendió al espíritu inmundo: - Espíritu sordo y mudo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas a entrar en él.
26 Dando un grito y sacudiéndolo, salió.
El muchacho quedó como un cadáver, tanto que muchos decían que estaba muerto. 27 Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y el muchacho se puso en pie.
28 Cuando Jesús entró en casa, los discípulos le preguntaban aparte: - ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
29 Respondió: - Esa clase sólo sale a fuerza de oración.


Comentario:
Este Evangelio nos presenta un milagro público. Los discípulos habían tratado de expulsar el espíritu inmundo mientras él se había alejado. ¿A dónde fue? ¿Dónde estuvo? Como era la costumbre de Jesús, se alejaba y subía a la montaña a orar. Podemos presumir que eso es lo que estuvo haciendo, cuando encontró a sus discípulos en este difícil momento: no podían curar al enfermo que les habían traído.
Luego de oír la explicación, Jesús se propone curarlo. Es importante la aclaración que hace Jesús al padre del muchacho: « ¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». El milagro se da, si tenemos fe. Somos nosotros los que debemos cambiar, los que debemos creer. Sólo entonces podemos alcanzar lo que pedimos, lo que nos proponemos.
La afirmación del padre del niño endemoniado del Evangelio de hoy nos interpela en algunos momentos o circunstancias de nuestra vida: “Tengo fe, pero dudo. Ayúdame”. Pero me llama la atención la conversación final de Jesús con los discípulos. Me imagino su malestar por haber intentado echar a ese espíritu inmundo y no haberlo conseguido y presenciar después cómo el Maestro lo hacía. La respuesta de Jesús me aporta hoy mucha luz: “sólo puede salir a fuerza de oración”. Dicho con otras palabras: la vida espiritual, interior, de uno, debe ser rica y cultivada. Debemos vivir desde Dios, vivir con Dios dentro de uno, vivir como Hijo, vivir sano, consciente, humilde, fuerte en el Señor y Jesús pone la oración como alimento fundamental de esta vida interior y espiritual. Yo lo intento día a día. A veces lo consigo y a veces no, pero sigo luchando con la ayuda del Padre, de mi comunidad y de mi familia. La oración produce una actitud especial en quien la realiza. Orar es hablar con Dios. Pero, para oírle hay que acallar por dentro y por fuera todo aquello que nos inquieta, que perturba, que nos quita paz. Fe y oración deben acompañarnos siempre.
Anita

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