Texto Bíblico:
9 22 Y
añadió: - El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los
ancianos, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y
resucitar al tercer día.
23
Y a todos les decía: - El que quiera
seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame. 24 El
que quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la
salvará. 25 ¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si se
pierde o se malogra él?
Comentario:
Es esta una lectura muy corta, pero
muy intensa; riquísima en lo que respecta a la esencia del cristianismo: la
vida, la pasión, la muerte y resurrección de Cristo, que ha de ser imitada por
nosotros tomando nuestra cruz, negándonos a nosotros mismos y siguiéndolo.
¿Por qué preguntó Jesús a sus
apóstoles lo que acabamos de leer? El Evangelio lo dice claramente; porque
había llegado para él el momento de anunciarles su pasión. Jesús no había
venido solamente a enseñar a los hombres sino que les abría la puerta que
conduce a la resurrección. Puesto que sus apóstoles ahora lo reconocen como el
Salvador prometido a Israel, deben saber que no hay salvación sino se vence a
la muerte. Y Jesús conseguirá esa victoria cuando elija libremente el camino de
la cruz. El Hijo del hombre tiene que sufrir mucho y ser rechazado por las
autoridades.
Inmediatamente después, Jesús añade
que todos hemos de compartir su victoria sobre la muerte.
Que cargue con su cruz de cada día.
Aquí viene la aceptación de la cruz que el Señor impuso a cada uno de nosotros
y que no tuvimos que escoger, porque la encontramos en nuestro destino. No se
trata de arrastrarla a la fuerza, sino de quererla, porque el Señor la quiso
para nosotros.
Que se niegue a sí mismo. Esta es la
orientación fundamental de nuestra vida. Debemos elegir entre servir y ser
servidos; sacrificarse por los demás o aprovecharnos de ellos, o como dice
cierta oración bien conocida: Que no me empeñe tanto en ser consolado sino en
consolar, en ser comprendido como en comprender, en ser amado como en amar.
El camino es claro, que no es lo
mismo que fácil. Pero quien de veras cree, encuentra la fortaleza en Jesús,
porque Él no abandona a los que le seguimos y por el contrario, nos protege,
consuela, acompaña, nos levanta cuando nos caemos, nos da paz y, siempre esta
dispuesto a entregarnos su amor incondicional, sólo basta que tu le abras tu
corazón y lo dejes entrar.
Anita

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