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sábado, 18 de febrero de 2012

Marcos 7,1-13: 7 de febrero de 2012


Texto Bíblico:
7 1 Se reunieron junto a él los fariseos y algunos letrados venidos de Jerusalén. 2 Vieron que algunos de sus discípulos tomaban alimentos con manos impuras, es decir, sin lavárselas. 3 –Es que los fariseos y los judíos, en general, no comen sin antes lavarse cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de los mayores; 4 cuando vuelven del mercado, no comen sin antes lavarse; y observan otras muchas reglas tradicionales, como el lavado de copas, jarras y ollas-. 5 De modo que los fariseos y los letrados le preguntaron: - ¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los mayores, sino que comen con manos impuras?
6 Les respondió: - Qué bien profetizó Isaías de la hipocresía de ustedes cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; 7 el culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos humanos.
8 Ustedes descuidan el mandato de Dios y mantienen la tradición de los hombres. 9 Y añadió: - Dejan de lado el mandato de Dios para mantener su propia tradición. 10 Pues Moisés dijo: Sustenta a tu padre y a tu madre, y también: El que abandona a su padre o su madre debe ser condenado a muerte. 11 Ustedes en cambio dicen: Si uno comunica a su padre o su madre que la ayuda que debía darles es gorbán –es decir, ofrenda sagrada-, 12 entonces le está permitido no ayudarlos. 13 Y así invalidan el precepto de Dios en nombre de su tradición. Y como ésas hacen muchas otras cosas.

Comentario:
El evangelio nos presenta dos de las tradiciones culturales del pueblo de Israel de aquella época: el lavado de las manos y la práctica del “gorbán”. La primera tradición era lavarse cuidadosamente las manos antes de comer; pero esta medida se transformó en un rito obligatorio, en acción de pureza externa y visible, propia de los fariseos y letrados, que excluía a los que no eran como ellos: a los pobres, enfermos, mujeres, niños y paganos.
El Señor no va contra las tradiciones de su pueblo, solo combate el concepto equivocado de pureza, lavarse cuidadosamente por fuera, para aparentar que creen en Dios y dejan el corazón sucio e impuro y lejos de Él. Los cristianos de hoy podemos convertirnos en ritualistas, por ejemplo, celebrar los sacramentos y la Eucaristía sin tener a Dios en nuestro corazón.
La práctica del “gorbán” era una ofrenda a Dios de dinero o propiedades, que los dejaba exentos del mandamiento de cuidar a sus padres. Anulaban el mandato de amor a Dios y al prójimo, anteponiendo el seguimiento de una tradición. Hoy también hay hijos que se olvidan de sus padres; pero afortunadamente hay muchos que los atienden hasta el último minuto de sus vidas.
Nuestro pueblo tiene sus propias tradiciones culturales, por ejemplo las peregrinaciones, los bailes y cantos religiosos, las mandas, las promesas, etc; pero lo que quiere el Señor es que no se conviertan en ritos deshumanizantes, que atenten contra las personas. Quiere que estas acciones lleven el sello del amor de Dios.
Marité

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