Texto Bíblico:
7 1 Se reunieron junto a él los fariseos
y algunos letrados venidos de Jerusalén. 2 Vieron que algunos de sus
discípulos tomaban alimentos con manos impuras, es decir, sin lavárselas. 3
–Es que los fariseos y los judíos, en general, no comen sin antes lavarse
cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de los mayores; 4 cuando
vuelven del mercado, no comen sin antes lavarse; y observan otras muchas reglas
tradicionales, como el lavado de copas, jarras y ollas-. 5 De modo que
los fariseos y los letrados le preguntaron: - ¿Por qué no siguen tus discípulos
la tradición de los mayores, sino que comen con manos impuras?
6
Les respondió: - Qué bien profetizó Isaías de la
hipocresía de ustedes cuando escribió: Este
pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí; 7 el
culto que me dan es inútil, ya que la doctrina que enseñan son preceptos
humanos.
8
Ustedes descuidan el mandato de Dios y
mantienen la tradición de los hombres. 9 Y añadió: - Dejan de lado el
mandato de Dios para mantener su propia tradición. 10 Pues Moisés
dijo: Sustenta a tu padre y a tu madre,
y también: El que abandona a su padre o
su madre debe ser condenado a muerte. 11 Ustedes en cambio
dicen: Si uno comunica a su padre o su madre que la ayuda que debía darles es gorbán –es decir, ofrenda sagrada-, 12
entonces le está permitido no ayudarlos. 13 Y así invalidan el
precepto de Dios en nombre de su tradición. Y como ésas hacen muchas otras
cosas.
Comentario:
El
evangelio nos presenta dos de las tradiciones culturales del pueblo de Israel
de aquella época: el lavado de las manos y la práctica del “gorbán”. La primera
tradición era lavarse cuidadosamente las manos antes de comer; pero esta medida
se transformó en un rito obligatorio, en acción de pureza externa y visible,
propia de los fariseos y letrados, que excluía a los que no eran como ellos: a
los pobres, enfermos, mujeres, niños y paganos.
El
Señor no va contra las tradiciones de su pueblo, solo combate el concepto
equivocado de pureza, lavarse cuidadosamente por fuera, para aparentar que
creen en Dios y dejan el corazón sucio e impuro y lejos de Él. Los cristianos
de hoy podemos convertirnos en ritualistas, por ejemplo, celebrar los
sacramentos y la Eucaristía sin tener a Dios en nuestro corazón.
La
práctica del “gorbán” era una ofrenda a Dios de dinero o propiedades, que los
dejaba exentos del mandamiento de cuidar a sus padres. Anulaban el mandato de
amor a Dios y al prójimo, anteponiendo el seguimiento de una tradición. Hoy
también hay hijos que se olvidan de sus padres; pero afortunadamente hay muchos
que los atienden hasta el último minuto de sus vidas.
Nuestro
pueblo tiene sus propias tradiciones culturales, por ejemplo las
peregrinaciones, los bailes y cantos religiosos, las mandas, las promesas, etc;
pero lo que quiere el Señor es que no se conviertan en ritos deshumanizantes,
que atenten contra las personas. Quiere que estas acciones lleven el sello del
amor de Dios.
Marité

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