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sábado, 18 de febrero de 2012

Marcos 6, 53-56: 6 de febrero de 2012


Texto Bíblico:
6 53 Terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron.
54 Cuando desembarcaron, la gente lo reconoció. Recorriendo toda la región, le fueron llevando en camillas todos los enfermos, hasta el lugar donde habían oído que se encontraba. 56 En cualquier pueblo o ciudad por donde pasaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejara tocar al menos el borde de su manto, y los que lo tocaban se sanaban.

Comentario:
La enfermedad, en la época de Jesús, excluía a las personas de la sociedad y del culto, pero Él con su actuar reintegra a la sociedad y a la religión a todo individuo y muchas veces perdona sus pecados, algo que solo puede hacer Dios y es lo que hace que crean en Él como el Mesías.
Imaginemos en nuestro interior a un enfermo grave, de tal forma que está a punto de morir. La herida del alma produce ese mismo dolor, ese mismo sentimiento, es ese dolor del pecado del que las escrituras nos hablan en los siguientes términos: “todas son heridas, golpes, llagas en carne viva, que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite” (Isaías 1,6) ¡Reconoce dentro de ti a tu médico, tú que estas herido descúbrele las heridas de tus pecados! ¡Qué oiga los gemidos de tu corazón, Él para quien todo pensamiento secreto queda de manifiesto! ¡Qué tus lágrimas le conmuevan! ¡Incluso insiste hasta la testarudez en tu petición! ¡Qué lleguen tus dolores a conmoverle para que te diga también a ti: “El Señor ha perdonado tus pecados” (2Samuel 12,13) ¡Grita con David! “Misericordia Dios mío…por tu inmensa compasión” (Sal 50,3).
Jesús se presenta en el evangelio como el médico que cura muchas clases de enfermedades. Jesús recupera la salud y la vida. Hoy los discípulos misioneros de Jesús debemos aportar también a la salud y la vida, por toda clase de vida. Leyendo y oyendo este evangelio debemos hacer una opción por la vida, al fin de cuentas Él vino para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia, pero es requisito que lo reconozcamos y lleguemos hasta Él, sentirlo en nuestras vidas como el Mesías y Salvador.
Hermanos, que el Dios misericordioso aumente nuestra fe. Amén
(Orfa)

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