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domingo, 9 de diciembre de 2012

Lucas 13, 22-30 (31-octubre-12)


Texto Bíblico:
13 22 Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén. 23 Uno le preguntó: - Señor, ¿son pocos los que se salvan?
Les contestó: 24 – Procuren entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. 25 Apenas se levante el dueño de casa y cierre la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear diciendo: Señor, ábrenos. Él les contestará: No sé de dónde son ustedes. 26 Entonces dirán: Hemos comido y bebido contigo, en nuestras calles enseñaste. 27 Él responderá: les digo que no sé de dónde son ustedes. Apártense de mí, malhechores. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes sean expulsados. 29 Vendrán de oriente y occidente, del norte y el sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Porque, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

Comentario
Hay que esforzarse  por “entrar por la puerta estrecha”, lo cual quiere decir que hay mucho que aportar desde nuestras capacidades y posibilidades para nuestra propia salvación, entendida como una dimensión nueva de la vida que hay que comenzar a construir aquí. En la perspectiva de  Jesús, algunos están dentro como participando de un banquete y otros quieren entrar, peno pueden porque resultan tan extraños para el amo que no se les puede abrir la puerta. Es evidente que estos excluidos del banquete son los propios paisanos de Jesús que, habiendo recibido la fe desde épocas antiguas, no han sabido ponerla en práctica, por el contrario, se han creado una falsa seguridad pensando que por derecho propio deben ser los primeros en entrar al banquete.
Jesús nunca dijo que serían muchos o pocos los que compartan la felicidad de Dios. Pero sí dijo repetidas veces que serán pocos los elegidos entre muchos llamados. Esto significa que entre tantos hombres que tuvieron la suerte de encontrarlo y que, con eso, fueron llamados a compartir su misión, poco aceptan cambiar su vida y comprometerse con él. Los elegidos son los que se convierten, creen y participan en la construcción del Reino.
Muchos toman el camino que conduce a la perdición. Salen del camino en que Cristo es todo para nosotros, derrochan los dones de Dios y, aparentemente, se vuelven inútiles para el Reino; pero no por eso escapan a la misericordia del Padre.
Ana María

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