Texto Bíblico:
8 22 Cuando llegaron a Betsaida,
le llevaron un ciego y le pidieron que lo tocase. 23 Tomando al
ciego de la mano, lo sacó a las afueras del pueblo, luego de ponerle saliva en
los ojos, le impuso las manos y le preguntó: - ¿Ves algo?
24
El ciego que iba recobrando la vista dijo: -
Veo hombres; los veo como árboles, pero caminando.
25
De nuevo le impuso las manos a los ojos. Él
afinó la mirada, fue sanado y distinguía todo de lejos perfectamente. 26 Jesús
lo envió a casa y le dijo: - ¡No se te ocurra entrar en el pueblo!
Comentario:
La
ceguera de la que nos habla este texto bíblico es la falta de fe, es la falta
de la luz de Dios iluminando el alma. Muchos de nosotros hemos ido mejorando
nuestra vista en la medida que vamos comprendiendo el mensaje de Jesús, así
como el ciego necesita dos imposiciones de manos en sus ojos. Cristo siempre
nos da la posibilidad de conocerlo, nos hace un tratamiento a lo largo de
nuestras vidas y revisa nuestra vista en cada momento.
Tal
como las visitas al oftalmólogo, Jesús permite que se nos acerquen distintas
pruebas a la vista, que son todas esas oportunidades en que un hermano se nos
acerca invitándonos a hacer crecer el reino de Dios en la tierra (apoyando a
los marginados y perseguidos, difundiendo la palabra de Dios, viviendo en
verdadera comunidad evitando la competitividad individualista, etc.)
Pidamos
cada día que crezca nuestra fe para que no confundamos a los humanos con
árboles, para que podamos diferenciar las buenas de las malas acciones, para
que podamos elegir el mejor camino, que es estar cerca de Jesús.
Jessica

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