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sábado, 18 de febrero de 2012

Marcos 8,11-13: 13 de febrero de 2012


Texto Bíblico:
8 11 Salieron los fariseos y se pusieron a discutir con él, pidiéndole, para ponerlo a prueba, una señal del cielo. 12 Suspiró profundamente y dijo: - ¿Para qué pide una señal esta generación? Les aseguro que a esta generación no se le dará una señal.
13 Dejándolos, se embarcó de nuevo y pasó a la otra orilla.

Comentario:
Los fariseos se pusieron a discutir con Jesús, pedían una señal celeste.
¿Para qué pedían una señal del cielo? ¿Para creer?
Los fariseos llevaban su religión sin fe, por lo tanto una señal milagrosa no iba a cambiar su ceguera espiritual.
¿Qué es más importante la fe o los milagros? Indudablemente que la fe. La fe no puede depender de los milagros, todo lo contrario, los milagros dependen de la fe.
Los milagros de Jesús son signos de acciones solidarias, de ayuda, de apoyo a los enfermos y desvalidos. No son espectáculos de magia. Aún hoy, frente a las catástrofes naturales o desastres provocados por el hombre, decimos: “¿y dónde estaba Dios que permitió este desastre?”
Pretendemos que Dios, con una varita mágica, dé de comer a los pueblos que se mueren de hambre, detenga los movimientos naturales de la tierra o que detenga a los hombres en guerra. Somos nosotros los que generamos el milagro de la solidaridad con los desvalidos o el milagro de la paz y la justicia, ante los que se sienten ofendidos.
Si creemos por los milagros de Jesús, seremos creyentes sin compromiso, con una fe sin base, que se puede esfumar en cualquier momento. En cambio, si tenemos una fe sencilla, confiada y sólida, ella no se quebrantará, y sí habrá milagros en el transcurso de nuestra vida.
Marité

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