Texto Bíblico:
8 11 Salieron los fariseos y se
pusieron a discutir con él, pidiéndole, para ponerlo a prueba, una señal del
cielo. 12 Suspiró profundamente y dijo: - ¿Para qué pide una señal esta
generación? Les aseguro que a esta generación no se le dará una señal.
13 Dejándolos, se
embarcó de nuevo y pasó a la otra orilla.
Comentario:
Los
fariseos se pusieron a discutir con Jesús, pedían una señal celeste.
¿Para
qué pedían una señal del cielo? ¿Para creer?
Los
fariseos llevaban su religión sin fe, por lo tanto una señal milagrosa no iba a
cambiar su ceguera espiritual.
¿Qué es
más importante la fe o los milagros? Indudablemente que la fe. La fe no puede
depender de los milagros, todo lo contrario, los milagros dependen de la fe.
Los
milagros de Jesús son signos de acciones solidarias, de ayuda, de apoyo a los
enfermos y desvalidos. No son espectáculos de magia. Aún hoy, frente a las
catástrofes naturales o desastres provocados por el hombre, decimos: “¿y dónde
estaba Dios que permitió este desastre?”
Pretendemos
que Dios, con una varita mágica, dé de comer a los pueblos que se mueren de
hambre, detenga los movimientos naturales de la tierra o que detenga a los
hombres en guerra. Somos nosotros los que generamos el milagro de la
solidaridad con los desvalidos o el milagro de la paz y la justicia, ante los
que se sienten ofendidos.
Si
creemos por los milagros de Jesús, seremos creyentes sin compromiso, con una fe
sin base, que se puede esfumar en cualquier momento. En cambio, si tenemos una
fe sencilla, confiada y sólida, ella no se quebrantará, y sí habrá milagros en
el transcurso de nuestra vida.
Marité

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