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sábado, 18 de febrero de 2012

Marcos 7,31-37: 10 de febrero de 2012


Texto Bíblico:
7 31 Después salió de la región de Tiro, pasó por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando los montes de Decápolis. 32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que pusiera las manos sobre él. 33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas, le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; 34 levantó la vista al cielo, suspiró y le dijo: - Effatá – que significa ábrete-.
35 [Al momento] se le abrieron los oídos, se le soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. 36 Les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37 Estaban llenos de admiración y comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

Comentario:
El Señor continúa en territorio extranjero, esta vez, en Decápolis. En ese lugar le presentaron a un hombre sordomudo.
El sordomudo representa la actitud cerrada del no creyente, que es sordo para escuchar la Buena Noticia y mudo para proclamar el Plan de Dios.
El meter los dedos en los oídos, indica que el Señor los iba a abrir (“effatá”), o sea, iba a sanar el daño interno, para permitir la audición. Sus dedos con saliva iban a permitir que la lengua se moviera para imitar los sonidos y poder hablar.
¿Cuántas veces el Señor nos habrá tocado con sus dedos nuestros oídos, para escuchar sus enseñanzas y vivirlas?
¿Cuántas veces nos habrá tocado con sus dedos y su saliva nuestra lengua para que evangelicemos al interior de nuestras comunidades y fuera de ellas?
Seamos como el sordomudo sano que escuchó y pregonó la Buena Noticia junto con sus amigos en los lugares donde ellos vivían.
Marité

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