Texto Bíblico:
7 31 Después salió de la región de
Tiro, pasó por Sidón y se dirigió al lago de Galilea atravesando los montes de Decápolis.
32 Le llevaron un hombre sordo y tartamudo y le suplicaban que
pusiera las manos sobre él. 33 Lo tomó, lo apartó de la gente y, a solas,
le metió los dedos en los oídos; después le tocó la lengua con saliva; 34 levantó
la vista al cielo, suspiró y le dijo: - Effatá – que significa ábrete-.
35
[Al momento] se le abrieron los oídos, se le
soltó el impedimento de la lengua y hablaba normalmente. 36 Les
mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37
Estaban llenos de admiración y comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace
oír a los sordos y hablar a los mudos.
Comentario:
El
Señor continúa en territorio extranjero, esta vez, en Decápolis. En ese lugar
le presentaron a un hombre sordomudo.
El
sordomudo representa la actitud cerrada del no creyente, que es sordo para
escuchar la Buena Noticia y mudo para proclamar el Plan de Dios.
El
meter los dedos en los oídos, indica que el Señor los iba a abrir (“effatá”), o
sea, iba a sanar el daño interno, para permitir la audición. Sus dedos con
saliva iban a permitir que la lengua se moviera para imitar los sonidos y poder
hablar.
¿Cuántas
veces el Señor nos habrá tocado con sus dedos nuestros oídos, para escuchar sus
enseñanzas y vivirlas?
¿Cuántas
veces nos habrá tocado con sus dedos y su saliva nuestra lengua para que
evangelicemos al interior de nuestras comunidades y fuera de ellas?
Seamos
como el sordomudo sano que escuchó y pregonó la Buena Noticia junto con sus
amigos en los lugares donde ellos vivían.
Marité

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