1 21 Llegaron a Cafarnaún
y el sábado siguiente entró en la sinagoga a enseñar. 22 La gente se
asombraba de su enseñanza porque les enseñaba con autoridad, no como los
letrados. 23 En aquella sinagoga había un hombre poseído por un
espíritu inmundo, que gritó: 24 - ¿Qué tienes que ver con nosotros,
Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: ¡el Consagrado de
Dios!
25
Jesús le increpó: - ¡Calla y sal de él!
26
El espíritu inmundo lo sacudió, dio un fuerte grito
y salió de él.
27
Todos se llenaron de estupor y se preguntaban:
- ¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los
espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.
28
Su fama se divulgó rápidamente por todas
partes, en toda la región de Galilea.
Comentario (29/1/12):
El
relato de la liberación del endemoniado se da en un ambiente complicado,
recordemos que el pueblo de las primeras comunidades vivía bajo los requisitos de la ley y sus
exigencias siempre inhumanas, que van carcomiendo el alma de las personas,
llenando la conciencia y el corazón de enfermedades, dolor y tristeza.
Se podría pensar que la relación del texto
entre la institución religiosa y un enfermo afectado sicológicamente de
“locura” indica que la estructura religiosa del sábado y de la Sinagoga, están
totalmente enfermos por el legalismo y estaban produciendo peste social. O
también como se explica que en un lugar como la Sinagoga donde todos los que
entraban debían estar puros ¿Había un enfermo, con un espíritu inmundo?
Para
Jesús la vida del ser humano está por encima de toda ley, es por eso que se
ubica abiertamente a favor de la persona y en contra del legalismo absurdo.
Hermano,
con gratitud demostremos a Jesús nuestra
fidelidad y con el Espíritu Santo en nuestros corazones, tendremos la fuerza
para enfrentarnos a nuestros problemas.
Señor enséñanos a ser verdaderos
discípulos tuyos. Amén.
(Simón)
Comentario (10/1/12):
En la sinagoga había un
hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro. Esto es un
hombre esclavizado por un conjunto de ideas o valores que lo hacen pensar y
actuar de una manera determinada. Se enajena, pierde su libertad y es usado como
instrumento para hablar y proclamar las ideas de otros hombres. Generalmente
esto ocurre cuando los hombres se abanderizan con un determinado líder
religioso o político, sin discernir donde está el bien o donde está el mal.
Nosotros los seguidores
de Cristo no solo debemos reconocerlo como el Mesías, el enviado de Dios, sino
tener un cambio radical de vida desde el momento que conocimos a Jesús y
escuchamos su palabra. Debemos perseverar en la oración para que el espíritu
del mal no nos invada y nos haga “títeres” de su maldad. El espíritu del mal
también entra en nuestras comunidades cristianas y nos divide porque no
seguimos a Cristo, sino a determinados personajes o a nosotros mismos.
Recemos con insistencia
la oración del Padre Nuestro especialmente cuando dice: “no nos dejes caer en
la tentación y líbranos del mal”.
(Marité)


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